Llegaste un dia, no era el momento perfecto, pero tu intelecto desarma más que cualquier espada. Mi armadura, usada en batallas da pena, se oxidaba al compás de tu palabra.
No hubo gritos de guerra, ni promesas al viento, solo el filo sutil de una mente maestra. Y mi coraza, pesada por tanto lamento, se desploma en el suelo, pequeña y discreta.
Tu mirada es como un conjuro bajo el manto lunar, tierna y dulce, me hechiza sin necesidad de una pócima. Eres esa brisa fresca que viene a calmar, la paz en la tormenta de un futuro diluvio.
Me fascina tu firmeza, la voz que no cede, la fuerza en tu carácter que no siempre está de acuerdo. Y aquí estoy, sin armadura, bajo tu cielo oscuro, con el deseo encendido, pero envuelto en respeto.
No es rendición, es un pacto, un amor tan puro, donde cada caricia es un verso por ti escrito. Que la lluvia nos selle, que la luna sea testigo, Quiero conquistar tu alma y quedarme contigo,