Perdíamos las horas en letras sin sentido, un WhatsApp infinito donde el mundo se borraba. Si me iba un momento, el hilo quedaba suspendido, y con cualquier pretexto, tu risa me rescataba.
Me daba pena decirte que lo "importante" era nada, si nada era más grande que volver a la pantalla, buscando en tus palabras esa luz tan anhelada, ganando la partida sin librar ninguna batalla.
Nunca probé tus besos, pero en mi mente sabía a cielo, a una vibra constante que aloca y que libera. Un beso surrealista, capaz de romper el hielo, de sacarme de la agonía y quedar en la calma.
Imaginarte era mi adicción, mi dulce necesidad, un lugar en mi universo que siempre te perteneció, porque en 2016 tú eras toda mi felicidad, y mi alma, ante tu mirada, simplemente se rindió.
Hoy miro hacia atrás con los cimientos ya reforzados, agradeciendo lo lindo de esa conexión tan especial. Pero ya no busco los besos que quedaron postergados, me quedo con la magia de ese inicio surreal.
Porque antes de amar de nuevo, con el corazón entero, honro a la chica que con risas me enseñó a escribir, que la felicidad no es solo un destino incierto, sino el dulce recuerdo que nos ayuda a revivir.