Después de tanto remordimiento, de tanto maldito sentimiento; sin pensarlo —porque si lo pensara mucho, jamás lo habría hecho—, y por más deshecho que estuve, hoy me rindo y me doy por vencido.
Si por escribirle soy un cobarde, que así sea. Pues no hay mayor cobarde que aquel que se siente orgulloso de su propio rencor. No es tarde para la reconciliación, aunque para lo demás... siga siendo una falsa ilusión.
Hoy le volví a escribir. Y es cierto, tengo tan revueltos mis sentimientos que casi pongo palabras donde no debo. Y no es por miedo, sino porque sé que ya ha pasado el tiempo, ya pasaron mis horas, ya pasó mi momento.
Y aunque no quede satisfecho, al menos ya no seguiré deshecho. Hoy le volví a escribir; después de mucho, sí, pero nunca es tarde.
Hoy le volví a escribir, aunque mil veces cobarde me digan. Siento que soy digno de intentarlo, porque al hacerlo, volví a recibir el mejor de los momentos.