¿Sabes? Paso muchas horas intranquilo, nervioso, como un tonto. Estoy, pero no estoy. Tengo este absurdo sentimiento que, más que el cuerpo, me atraviesa el alma.
Este sentir me está enloqueciendo; intento mandar, pero él se impone. Pues hace poco me di cuenta de que buscando demonios... encontré a una princesa.
No te conozco del todo bien, pero no es tarde para conocernos, ni es tarde para convencernos, y mucho menos para que nos enamoremos. Aunque mi corazón sienta que ya va tarde para estar junto a ti.
Los pocos momentos se los lleva el viento, pero por estar a tu lado, te prometo que viajaré tan rápido como él, solo para estar junto a ti.
Por estar junto a ti, no prometo bajarte la luna ni las estrellas, pues te estaría mintiendo; pero prometo acompañarte cada noche a admirar su belleza.
Buscar demonios fue mi mayor fortuna. No encontré oro, sino a una princesa; y no la comparo con riquezas, porque todo el oro del mundo no podría comprar a esta princesa.