Por más que lo intento, no me cuadra el pensamiento: si nos amábamos tanto, ¿por qué dijiste «lo siento» y te marchaste como si yo hubiera dicho «no quiero verte más»?
Ese punto final, no sé cómo colocarlo. Deseo olvidarte, pero en el intento termino en el suelo, en un charco de llanto. Pides que te olvide, sin ver que me fallé mil veces a mí mismo solo para nunca fallarte a ti.
Hoy soy quien se pregunta: ¿Cómo pongo un punto final, si no queda espacio en mi memoria? Me enseñaste bien a amarte, pero nunca mencionaste que un día tendría que olvidarte.
Teníamos cientos de momentos felices, mil planes y anhelos juntos. Pero de nada sirven las lágrimas si no supiste valorar lo que te di. ¿Pides perdón? Lo único que hiciste bien fue abandonarme sin remordimiento.
No entiendo para qué tantas promesas, si con cuatro letras y un punto final, acabaste una historia que creí sin fin.
Lo sé y lo acepto: el final llegará. Y cuando sane, estaré feliz de haber aprendido dos cosas: a amar de verdad y a soltar. Tú, en cambio, solo sabes jugar con los sentimientos; y aunque pongas muchos puntos finales en tu vida, jamás habrás aprendido lo que es amar.