Sabes, cuando te vi por primera vez, me entró el sentimiento y me puse a pensar: «Es hermosa». No te miento, hasta quise recitarte un poema.
Pero me invadieron los nervios. No comprendo qué locura se encendió en mi cabeza. La improvisación no fue la mejor opción, pero no tenía otra elección.
Al terminar mi locura, sonreíste, y yo, enamorándome de tu sonrisa, me perdí por un segundo y, al reaccionar, ya estaba entre tus brazos.
Hoy eres mi complemento, que le da sentido a este cuento. Eres mi complemento, la pieza que faltaba en mi vida. Eres lo mejor que tengo en la vida.
Me queda claro que eres el amor de mi vida y la dueña de mi corazón. Eres mi felicidad, te convertiste en mi complemento y pronto serás mi necesidad, pues no podré vivir sin ti.