Todo comenzó con unos versos que hoy me tensa: “Tú eres mi felicidad”, escribí con mano temblorosa, entregando algo especial de mi corazón, volviéndome de cristal, una pieza sutil y frágil.
Fui ese soldado que cayó antes de la primera batalla, creyendo que ser transparente era mi mayor virtud, sin ver que el cristal, es un cimiento delicado, que. se convierte en astillas en medio de la multitud.
"Ayer hablé de ti"… y dolió como la primera vez. Frente a una extraña, saqué las migajas que guardé en mi pecho, confesando que mi lealtad fue una larga estupidez, un laberinto de recuerdos que aún no dan provecho.
Me agüité, lo admito, al verme devastado, repasando diez años de un eco que aun se niega apagar, comprendiendo que los soldados que por migajas van, jamás tendrán un lugar seguro en donde refugiarse.
Hoy recojo los pedazos, pero no para ser el de antes, estoy fundiendo el vidrio con el fuego de mi propia voz. Mis cimientos ya no son arena, esas el tiempo la derribo, ahora son de un cristal templado, firme, consciente y pensante.
He dejado de ser el caballero que muere por una dama, para ser escritor de mi propio cuento. Antes de amar a otra alma, antes de encender la llama, tengo que consolidar mi propio refugio.